Adquiriendo el lenguaje: aspectos fonéticos

Las vocalizaciones prelingüísticas de un bebé se dividen en dos categorías: aquellas que son reflejas (llanto y sonidos involuntarios), y aquellas que no son reflejas, es decir, que tienen una intención comunicativa. Los primeros tres a cuatro meses de vida se caracterizan por una producción de sonidos reflejos. Luego, desde los cuatro a los seis meses aproximadamente, la producción se transforma en juegos vocales. Los bebés producen sonidos fuertes o suaves, así como también chillidos muy altos y agudos. Los gorjeos son principalmente vocálicos, aunque también pueden aparecer algunos sonidos consonánticos, en especial del tipo velar como [k] o [g]. En estas primeras producciones da la impresión de que los bebés están jugando, oyéndose a sí mismos.

Es interesante detenerse aquí para aclarar y destacar algunos aspectos fascinantes de la adquisición del lenguaje. Primero, la producción de los sonidos del lenguaje requiere una tremenda coordinación que, a menudo, damos por sentado. En efecto, producir sonidos y, más tarde palabras, requiere una gran coordinación de los órganos que intervienen en dicha producción. Órganos que, dicho sea de paso, no solo contribuyen a la producción sonora, sino que también forman parte del aparato respiratorio y digestivo. Los sonidos son generados cuando el aire pasa a través del tracto vocal (laringe, faringe, boca y nariz). “La forma del tracto vocal varía según se muevan los labios, la lengua o la mandíbula baja, y las ondas sonoras que oímos se ponen en movimiento ya sea por la fricción de las turbulencias de la corriente de aire, o por la vibración de las cuerdas vocales”. (Berko Gleason et all., 2009) Los bebés y niños deben aprender todo esto sin dejar de respirar o incluso de comer!

“La producción de los sonidos del lenguaje requiere una tremenda coordinación que, a menudo, damos por sentado”.

Segundo, gracias a varios estudios, se ha comprobado que el orden en la producción de sonidos es casi idéntica en todos los bebés, independientemente de las lenguas a las que estén expuestos o de sus lenguas nativas. Tercero, cuando los bebés tienen tan solo seis meses de vida, sus cerebros comienzan a categorizar los sonidos de sus lenguas maternas, en desmedro de aquellos sonidos que no necesitarán porque no pertenecen al idioma que aprenderá a hablar. Llegado a este punto me pregunto, ¿los sonidos de qué lengua Amalia estará clasificando si está expuesta a cuatro? Lo más probable es que dependa del grado de exposición o input que recibe en cada una.

Justamente a partir de los seis meses se habla de una cuarta etapa en el desarrollo del lenguaje que se caracteriza por la aparición de sílabas que suenan similares a las de los adultos. Estas secuencias de consonantes-vocales son, generalmente, una repetición de sonidos idénticos [bababa] que carecen de un contenido semántico o significado. Por eso, aunque Amalia haya dicho [mama] en algunas ocasiones, seguramente no está haciendo referencia alguna a su madre.

Amalia ya ha cumplido siete meses. En cuando a su desarrollo fonético se encuentra en esta cuarta etapa llamada canonical bubbling en inglés. (Nota: Las etapas que describen los avances fonemáticos en los niños no son definitivas. Naturalmente se interponen) Siguiendo la norma, su producción consonántica se mueve entre las oclusivas, es decir, aquellas consonantes que se producen por una oclusión o cierre de la salida del aire. Ella produce, en especial, la oclusiva velar [g] y la bilabial [b] En cuanto a las vocales, sus favoritas son las abiertas [a] y [o], lo cual es bastante común.

Los sonidos de Amalia a los seis meses y una semana

¿Significa todo lo anterior que Amalia ha realmente adquirido los fonemas que es capaz de producir? No exactamente. Para poder afirmar que un infante ha adquirido ciertos fonemas debe darse una constante. También se deben considerar las distintas posiciones del sonido en cuestión: en posición inicial, intermedia o final de palabra. “Un fonema está adquirido cuando lo están todos y cada uno de los rasgos pertinentes que lo constituyen en esa lengua” (Gómez Fernández, 1993) De manera que, en lo que respecta a Amalia, habrá que esperar, y mientras tanto seguir disfrutando de cada progreso en su recorrido por la adquisición del lenguaje.